sábado, 27 de abril de 2013

Ítaca, ¿meta o punto de partida?


A fin de cuentas, igual que los escollos que mencionara Baden-Powell en su libro “Roverismo hacia el Éxito” el callejear, las malas compañías, el picoteo amoroso sin compromiso, las competencias de la “jarra loca”, las infinitas horas de chateo son las escalas en nuestro recorrido hacia Ítaca, hacia la búsqueda de la propia identidad y la construcción del proyecto de vida. 

Como educadores de un movimiento que se apoya en el optimismo pedagógico y que parte de la convicción que todo joven tiene, al menos, un 5% de bueno y está en nosotros acrecentar ese porcentaje para desarrollar al máximo sus posibilidades, no debiéramos "demonizar" esos tropiezos sino ayudar a superarlos.

En la vida, igual que le sucedió a Ulises no hay marcha atrás, no se puede volver hacia Troya, porque allá solamente quedó tierra arrasada, por eso, aunque por delante solamente nos esperen escollos, nuestro destino siempre es Ítaca.

Es importante que como dirigentes de jóvenes lo comprendamos, el joven necesita recorrer su camino y sortear los escollos y ningún otro puede hacerlo por él. 

Pero los adultos, tanto sus dirigentes scouts como sus padres podemos acompañarlos en la travesía, ayudarlos a formularse las preguntas adecuadas y a identificar con nombre y apellido a Calipso, a Circe, a las sirenas, al cíclope, al Hades... para, por lo menos, mantener a flote el barco de Ulises.

Hago énfasis en este rol, porque en muchos Grupos Scouts que he visitado escuché frases del tipo “los rovers se manejan solos, ya son grandes” y, el abandono es tan dañoso como la sobreprotección.

Los adultos estamos para ayudar a leer entre líneas y para interpretar las llamadas de urgencia que muchas veces, pasan desapercibidas, silenciosas.

Es mi intención que este conjunto de entradas que hemos publicado en los últimos meses hayan resultado útiles a quienes trabajan con jóvenes, especialmente en la Rama Rovers, para "inquietarlos" y moverlos a asumir el rol que el Movimiento Scout espera de nosotros.

Siempre listo, rodrigo
Rodrigo González Cao
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