sábado, 5 de septiembre de 2009

Las especialidades, un camino personalizado de actividades

En la entrada anterior compartíamos que las actividades son la forma en que el Movimiento Scout desarrolla el aprender haciendo. Un tipo de actividades, aún más personalizada, son las especialidades.
Éstas van adquiriendo diferentes matices en cada rama según la madurez de los niños y jóvenes.
A grandes trazos hemos leído repetidamente, y cometiendo algunas simplificaciones que me perdonarán, que en las ramas menores estas actividades sirven para que el niño experimente nuevos centros de interés, mientras que en las ramas mayores los jóvenes irán adquiriendo habilidades en vistas a profundizar la construcción de su identidad.
Sin embargo, no debemos tratar tan superficialmente un elemento valioso del programa del Movimiento Scout. Al alentar el desarrollo de especialidades, debemos tener presente que no definen una futura carrera terciaria o universitaria ni tampoco son un llamado a una vocación.
Por otra parte, la tendencia general a desarrollar menos especialidades en las ramas mayores no tiene directa relación con la pérdida de inquietudes, sino con el tiempo y profundidad que le dedica el joven a la adquisición de estas habilidades y competencias.
Como decíamos al principio, las especialidades son actividades que rescatan lo particular de cada joven, alentándolo a desarrollar sus potencialidades como propone Baden-Powell en "Escultismo para muchachos" y "Guía para el Jefe de Tropa".
Ahora bien, como hemos visto, esta idea de "descuartizar" el Método Scout en sus componentes es solamente para comprender mejor cómo funciona cada uno de sus elementos. Sin embargo, al inicio hemos hecho la aclaración que cada elemento es un engranaje de una maquinaria y, hemos llamado "sinergia" a la fuerza multiplicadora que cobra este sistema cuando todos sus elementos funcionan en conjunto y coordinadamente.
Repasamos este concepto porque hemos notado con preocupación que en algunos grupos el desarrollo de las especialidades es algo opcional, que no se alienta, y que se deja al joven que quiere trabajarlas "a la buena de Dios".
Esta retracción del papel del dirigente no es dejar que el joven "aprenda haciendo" y, decirle: "bueno, si te interesa xx tema, preparáte algo y, cuando lo tengas aprendido, vení a rendirlo", como por accidente escuchamos una vez. Es más posible que esta forma de encarar las cosas genere una frustración en el joven a que le ayuda a desarrollar sus potencialidades. Por favor, nadie se ofenda si alguna vez procedió así, pero es una distorsión del “aprender haciendo” que debiéramos analizar en nuestro Consejo de Grupo o Equipo Distrital de Rama.
Para que podamos aplicar el "aprender haciendo" en las especialidades (y en cualquier actividad) no debemos olvidar el juego armónico de los otros elementos: la guía y acompañamiento del adulto, la pertenencia a un pequeño grupo que coopera en su crecimiento personal, la adhesión a un código de valores que incluye el ser optimista ante las dificultades que se presenten y, ante todo: el "optimismo pedagógico" que llevó a Baden-Powell a proponer esta propuesta educativa tan particular.
El otro elemento, que aún no hemos desarrollado, es que las actividades son progresivas y atractivas y se basan en los centros de interés de los jóvenes.
En tal sentido, hoy en día tal vez sea de mayor interés para un joven, que no vislumbra una oportunidad ocupacional cercana, adquirir ciertas competencias y habilidades para un oficio que le permite tener un ingreso modesto antes que desarrollar una especialidad de "astronauta" que nunca aplicará.
Siempre listo, rodrigo
Rodrigo Gonzalez Cao
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