sábado, 18 de septiembre de 2010

Una metodología, entre tantas, para actualizar el programa

Existen múltiples metodologías para actualizar el Programa del Movimiento Scout.
En las entradas anteriores hemos mencionado además que el Programa de Jóvenes que conocemos hoy surge de una construcción progresiva que se inicia en Mafeking, se alimenta de Brownsea y de otras experiencias de esa misma época como los “Woodcraft Indians” de Ernest Thompson Seton y continúa su evolución a lo largo de las siguientes décadas.
Por último señalamos que hace veinte años la 32 ª Conferencia Scout Mundial adoptó una Política Mundial de Programa, basado en la idea de que el programa de jóvenes no es algo que se defina de una vez para siempre, sino que debe adaptarse a las necesidades y aspiraciones de los jóvenes de cada generación y en cada país.
Esta definición tiene la ventaja de hacer hincapié en que todo lo que hacen los jóvenes en el Movimiento tiene que basarse en las necesidades y aspiraciones de los jóvenes y, a la vez, debe estar orientado hacia el propósito y los principios del Movimiento Scout y, por último, ejecutado incluyendo los elementos del método Scout.
El otro elemento clave en la Política Mundial es que se refiere a un programa "por" los jóvenes, a diferencia de un programa "para" los jóvenes.
Esto significa que es un programa desarrollado a partir de las aspiraciones de los jóvenes, y con su participación, ya que son los principales agentes de su propio desarrollo.
Esto no significa, sin embargo, el rechazo de una presencia estimulante y educativa de los dirigentes adultos.
Cuando Baden-Powell visitó Argentina y Chile en 1909, en un improvisado discurso en el Instituto Nacional de Chile, describió su concepto de educación con la imagen de la carnada que el pescador pone al final de su gancho (por ejemplo, un gusano o un insecto), la cual no tiene nada que ver con lo que le gustaría comer al pescador, sino que, por el contrario, corresponde al gusto de los peces.
Es decir, los jóvenes no se van a acercar al Movimiento porque están interesados en el desarrollo armónico de su personalidad, sino que se convierten en Scouts porque se les ofrece la oportunidad de participar en actividades atrayentes.
Sin embargo, nosotros como dirigentes sabemos que una actividad tiene que ser algo más que atrayente para que sea educativa.
Por ejemplo, que ayude a los jóvenes a adquirir las habilidades que necesitan para desarrollarse.
El papel del adulto es canalizar la motivación de cada joven y su entusiasmo en un proceso educativo natural.
Por eso, promovemos que el programa se base en objetivos educativos.
Un programa que sólo propone actividades sin destacar los objetivos educativos que subyacen a estas actividades corre riesgo de caer en la trampa del "activismo": las actividades se repiten de forma pasiva y su calidad disminuye gradualmente.
En síntesis, cuando un programa no está orientado a objetivos es difícil percibir hacia dónde va y también será complejo adaptarse a las nuevas necesidades, convirtiéndose en obsoleto con el tiempo.
La semana próxima profundizaremos un poco más el rol protagónico de los jóvenes en el programa del Movimiento Scout.
Siempre listo, rodrigo
Rodrigo Gonzalez Cao
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