viernes, 22 de julio de 2011

La formulación de la Promesa es independiente de una etapa de progresión

La formulación de la Promesa es independiente de una etapa de progresión
En cada rama del Movimiento Scout la progresión personal consiste de varias etapas.

Independientemente de ellas, el momento en el cual el joven formula su compromiso voluntario con el Movimiento Scout se expresa con la promesa Scout.
En dicho compromiso el joven promete hacer cuanto de él dependa, para cumplir sus deberes para con Dios, la patria, con los demás y consigo mismo, ayudar al prójimo y vivir la Ley Scout.

El momento de formular la Promesa no es una prueba que se deba pasar.
Simplemente, para poder hacer un compromiso verdaderamente voluntario, el joven debió tener la oportunidad previa de vivir la propuesta del Movimiento Scout en acción, querer compartir las tareas de su pequeño grupo, entender la Ley Scout y cómo se traduce en "reglas del juego" para su vida y, finalmente, conversar con su dirigente sobre las metas que se propone lograr.

Si bien muchos animan a los jóvenes a "probar" el Movimiento Scout, en toda edad debe depender de cada uno la decisión de unirse al movimiento y de hacer su compromiso personal con el estilo de vida de los Scouts.
Esto implica que también cada uno tiene derecho a decidir cuándo salir o tomarse un tiempo.
Esta convicción se apoya en la idea de que cada joven solamente progresará si la motivación para hacerlo viene de su interior.

La adhesión voluntaria es la base para que la motivación interna a ser artesano del propio desarrollo crezca y se mantenga viva. Pero también lo es la pertenencia a un pequeño grupo donde el joven comparte junto a otros pares y emprenden cosas en conjunto, valorando al otro y sintiendo que su ayuda es necesaria.
Crear una atmósfera mutuamente estimulante en este aspecto es el desafío principal de todo dirigente scout.

Que su pequeño grupo interpele a cada joven si "hizo todo lo posible en cuanto de él dependía" es el eje de la progresión personal. No hay ninguna prueba competitiva, ni tampoco ninguna clasificación jerárquica que haga un ranking de quién mejoró o empeoró.
Como fijó Baden-Powell hace más de 100 años la única competición es con uno mismo.

Esto, por un lado reduce el miedo a la comparación y el fracaso.
Pero principalmente estimula relaciones más profundas y auténticas ya que no debieran existir trasfondos de tensión creados por la competición.

Cuando el pequeño grupo se consolida su dinámica misma fomentará actitudes como la tolerancia, la solidaridad, la responsabilidad y el compromiso hacia el grupo y proporcionará autoestima y apoyo emocional.
Además, en el óptimo de madurez grupal, cuando se establecen relaciones fuertes entre los jóvenes, surgen más oportunidades para cada persona de progresar.

Siempre listo, rodrigo
Rodrigo Gonzalez Cao

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