jueves, 2 de julio de 2015

SORTEANDO ESCOLLOS A TRAVÉS DE LA PARTICIPACIÓN

Ya hemos mencionado previamente que la palabra evaluación suele despertar fuertes inquietudes y resistencias. 

Lamentablemente por su mal uso, a veces, se la percibe más como un instrumento de control y de sanción negativa, que como una herramienta para ayudar a los educadores a mejorar sus prácticas.

Generalmente prefiero señalar actitudes positivas antes que marcar aquellas que son negativas, sin embargo, para que sea gráfico, les propongo estar atentos a algunas tentaciones en las que podemos caer cuando asumimos la animación territorial del programa.

Por eso, al realizar la Animación Territorial del Programa de Jóvenes, hay algunas actitudes autoritarias que debemos evitar: 


  • Encerrarnos en un enfoque meramente normativo o reglamentarista de la evaluación,
  • Ejercer un estilo que se inclina por lo que debe ser y hacerse,
  • No comprender la situación problemática y, en consecuencia no proponer pasos para mejorarla,
  • El no definir claramente cuál es el objeto a evaluar,
  • Adoptar un estilo burocrático,mucho más atento a solicitar y visar papeles que a poner su mirada en las acciones y los procesos,
  • Querer ejercer la tarea de Animadores territoriales con poca capacitación para dicha tarea,
  • No elaborar instrumentos adecuados para obtener información pertinente y,
  • Utilizar la evaluación para responsabilizar por los fracasos a los educadores individualmente.

Y entonces, ¿cómo realizamos la evaluación?

El primer germen, la primera semilla de la evaluación y animación territorial debemos plantarla en cada uno de los Grupos Scouts del área que animaremos.

En los encuentros del equipo territorial, al generar espacios de encuentro entre los Grupos Scouts vecinos, es necesario fomentar que cada uno de los grupos analice críticamente sus propias prácticas.

La evaluación no debe ser algo externo impuesto por las autoridades distritales o zonales, sino que debe nacer de una convicción interna de cada Grupo Scout y ser promovida por el Jefe de Grupo junto a los educadores de las unidades e inclusive los jóvenes representantes del Consejo de Grupo. 

En este proceso de análisis crítico de nuestras propias prácticas es también muy enriquecedor incluir a los padres y madres, a la entidad patrocinante e inclusive a los "antiguos scouts" que nos precedieron en la construcción del Grupo Scout en etapas previas. 

Si fomentamos este tipo de evaluación que estimula la reflexión y el análisis de las propias prácticas educativas seguramente las resistencias y temores iniciales se irán disipando poco a poco.

Como mencionamos la semana pasada, el estilo de evaluación que adoptemos estará directamente relacionado con nuestro estilo de animación territorial, por ello la elección de una evaluación externa, promovida y asumida por los niveles territoriales encargados de supervisión (por ejemplo, desde el distrito hacia el Grupo Scout), no debiera ser nuestra opción inicial, ya que este tipo de evaluación puede ser percibida por los actores territoriales como un control externo, mucho más interesado en fiscalizar que en ayudar.

Por ello, toda evaluación externa debe promover la cultura de la evaluación interna, la cual debe nacer de la convicción y la participación de todos los educadores del territorio que vamos a evaluar.

Pero estas opciones no surgen porque sí, la responsabilidad de promover un proceso de evaluación siempre le corresponde a la instancia de conducción de un nivel determinado.


Siempre listo, rodrigo

Rodrigo González Cao

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